jueves, 3 de noviembre de 2011
16:36

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Make a wish...

posted by Do you care?
"¿Qué es lo que más deseas de tu Vida?"
Recuerdo mi primer viaje en subte: línea 'A', Primera Junta - Lima. Fue tal mi fascinación que a dos escalones de la superficie tenía ya decidida mi futura profesión -o un rumbo, al menos, ya que debía, aún, informarme sobre los diferentes puestos posibles, los conocimientos requeridos para cada tarea, el riesgo implícito en cada una, los horarios de trabajo y, por supuesto, la remuneración a obtener-.
De más está decir que jamás trabajé en nada ni remotamente vinculado tanto a subtes como trenes de superficie (los trenes me gustan también; menos que el subte, pero me gustan). Diría que colateralmente -y tanto sin invitación como sin resistencia alguna- surgió también en aquel primer viaje un pasatiempo, el cual se mantiene vigente en Mí.
Criado casi exclusivamente entre mayores (o personas de mediana edad), hube de adaptarme –quizás por simple ósmosis- a reglas de socialización algo diferentes al común de los niños de mi edad; mas no se interprete esto como signo de rechazo a la educación que recibí, de la cual estoy casi tan orgulloso como agradecido.
Sabía, a mis cuatro años, leer casi de corrido, y ese transporte que se me hacía como venido de otro Mundo rebalsaba de palabras: carteles de advertencia, publicidades, pintadas; cada una con su particular mensaje que transportar, todos ellos conviviendo en el mismo espacio, esperando pacientemente al próximo ojo que, ya curioso o distraído, se posara en él; siempre con la esperanza de lograr su cometido, grabándose temporalmente en algún hueco superficial de la Mente del lector para buscar luego la grieta donde asentarse e influir –ya más o menos- en su comportamiento (siendo esto, por supuesto, en pro de quien transmita dicho mensaje).
Veinte años después de esa primer experiencia sigo enamorado del subte, y juego en cada viaje a coleccionar frases recogidas de publicidades, panfletos informativos, stickers o simples Ideas que alguien –vaya a saber Uno cuándo y por qué- plasmó en puertas, ventanas, paredes o asientos; cabe dejar asentado que es en estos últimos en los que con mayor frecuencia suelo encontrar los más bellos mensajes.
Cansado de horarios ajustados y la monotonía de de largas y repetitivas jornadas en un call center (o empresa de soluciones informáticas), conseguí que un abogado de larga Amistad con mi padre accediera a contratarme como cadete/asistente, con una jornada de cuatro horas (comprendida entre las 10, hora en que abren los bancos y en el Palacio de Tribunales va terminando de acomodarse la legión de desamparados que busca el asesoramiento de algún abogado de oficio al que aún le resten escrúpulos, Fe o Voluntad –aunque no las tres- y se encuentre disponible al ser llamado su número, y las 14).
Por las tardes me desempeñaba como visitador para una pequeña (‘a mediana’ le gustaba resaltar al dueño) empresa distribuidora de tintas y químicos utilizados principalmente para impresión y fotografía, lo cual derivaba en el constante uso del subte y lo imponía como medio de transporte más eficaz y económico.
Olleros – Tribunales, cualquier Viernes, creo que 4 de Julio. Buscando acomodarme lo mejor posible en el Tetris colectivo que a veces aparenta la multitud de viajantes, buscando siempre mantenerme cercano a alguna puerta para no perder mi parada, noté por el rabillo del ojo un sticker pegado en el vidrio. El mensaje proponía lo que parecía ser una simple e inocente pregunta que, luego descubriría, logró aferrarse a Mí, siendo comienzo para esta historia...

A excepción de aquellos plasmados por algún extraño que no publiciten ideas políticas y afines, suele encontrarse siempre al menos una repetición del mismo mensaje, pero a este que tiene ahora gran parte de mi atención lo catalogué luego de una semana (alrededor de 50 viajes entre las 5 líneas) como único, y más de una vez volví a encontrarme en el mismo vagón, frente a la misma puerta, algo extrañado, seducido y por breves lapsos hostigado por la intriga planteada en ese simple papel engomado que parecía desafiarme, provocarme a una exploración interior de mi Ser. Por momentos lo único que ocupaba mi Mente era esa sola pregunta, sonando y resonando como un eterno eco; más me negaba al hipnotismo, no cedería. Jamás logró un mensaje en el subte dejarme una idea largamente aferrada, siendo pocas las que lo lograron temporalmente, para ser desechadas al cabo de pocos minutos.
Digan lo que digan, mi negativa no se basa en miedo a explorar mi interior en busca de una o más respuestas, sino en el no ceder ante el deseo de quienquiera haya dejado allí el mensaje; esta intención no cumplirá su cometido, y punto.
Pero ¿qué tal si el extraño a quien rechazo tan fácilmente encontró que su deseo era lograr en el extraño que lea ese mensaje un momento de simple y honesta reflexión?, ¿qué tal si ese Alma topóse con esa misma pregunta, quizá incluso siendo atormentada por recuerdos dolorosos y capítulos sin cerrar al sumergirse en Sí en búsqueda de respuestas sinceras, para encontrar al fin el deseo de compartirle este disparador de pensamientos a quien lo quiera tomar?.
Pasadas tres semanas, y ya resignado a las recurrentes y aleatorias intromisiones de esta cuestión en pensamientos y situaciones muchas veces para nada relacionados a ella, decidí que debía acabar con esto que ya rozaba la calificación de 'Problema', y la única manera era confrontándome abierta y sinceramente, con miedos (sí), pero con huevos.


Los primeros días fueron nada más que confusión; miles, quizá millones de ideas atacaban mi Mente, peleándose entre sí, intentando imponerse como respuesta universal, hasta que comenzaron en un punto a mezclarse, fundirse, anexarse separarse, haciéndome imposible pensar.
La etapa dos fue el (¿auto?) flagelo. Cuanto más intentaba ordenar mis pensamientos más revoltosos se volvían éstos. Rebeldes, oscuros y caprichosos comenzaron a atacarme sin tregua y -supuse- bajo el único pretexto de tener la Verdad, una Verdad que Yo estaba equivocado en no reconocer, y que tendría que reconocer, de ser necesario, a la fuerza. Pero lo que no tuvieron en cuenta era un reflejo cultivado por mucho tiempo, el cual me volvía inaccesible ante el mero capricho y la falta de argumentos convincentes (ni hablemos su inexistencia o falsedad).
Pasada la tempestad decidí elaborar un método que me permitiera dar cierto orden a estas Ideas, así es que tomé una hoja y comencé a dividirla en columnas, siendo cada una una "categoría". Luego de rever y eliminar algunas, quedaron tres:
- Material.
- Sentimental.
- Espiritual.
Como era de esperarse, los primeros en surgir fueron deseos materiales como la clásica opción del dinero ilimitado, el auto último modelo, ser dueño de Google (?), e incluso algo más sencillo, como el tener una casa propia, con los requisitos de: jardín frontal, amplia terraza y un buen parque al fondo, de ser posible con un lindo quinchito con senda parrilla, donde puedan nacer recuerdos bellos con familia y Amigos.
De entre los deseos sentimentales destaca la inocente idea de encontrar el verdadero Amor, la cual complementé luego con el deseo de saber reconocer cuando aparezca. Un momento hermoso fue el poner la vista sobre mis Seres queridos, recordar y enumerar en silencio todo el Bien que me han hecho, el apoyo, el Amor y respeto recibidos, resultando en deseos como el de jamás encontrarme falto de ese cariño sincero y el ser consciente de Mí, para evitar cualquier mal que, directa o indirectamente, pudiere causarles.
Como espiritual logré listar sólo un deseo, surgido de la nada pero ardiente de pasión que, creciente en fuerza, llenó mi Mente toda, hasta que me encontré proclamando "Quiero hacer el Bien", y una sonrisa afloró de pronto.


Al día siguiente volví a encontrarme en ese vagón, frente a esa puerta, que sostenía ese vidrio sobre el que descansaba el mensaje; pero este vez mis ojos estaban llenos de agradecimiento, sin dudas ni recuerdos que me atormenten. Noté que una punta del sticker se había despegado, aunque el pegamento aún parecía fuerte.
Un leve tirón bastó para que el objeto quedara entre mis dedos. Salí a la calle mirándolo con la misma fascinación de hace veinte años atrás, me acerqué a una parada de colectivo y ahí lo pegué, cuidadosamente y a la altura de los ojos...